18 may. 2009

El fútbol emergente




Huracán deslumbra y divierte con juego a propios, golee o no, y a extraños, gane o pierda, como aquella noche ante Independiente.


Godoy Cruz combate angustias que le inyectan los cuestionados promedios con la vacuna de la base lúdica del fútbol.


Lanús recurre a la sabia de quien empezó alguna vez a enamorarse de la pelota cuando siente haberse olvidado de lo que es para revertir desánimos.


Los tres equipos se sustentan en el juego colectivo con libertades individuales que ni siquiera son coartadas por sus técnicos cuando algún jugador, llámese Javier Pastore o Leandro Caruso, pecan de individualismo desaprovechando una posibilidad de gol.


River e Independiente transitan por los caminos del drama. De buenas a primeras aparecen en el Monumental con adelantado ambiente electoral banderas hirientes contra los jugadores, como si a ellos les gustara perder, jugar mal, y si es que llega a pensarlo, desvalorizarse en el multimillonario mercado futbolero.


Néstor Gorosito fue claro en su concepto de mantener posiciones naturales en sus jugadores. Recuérdese aquella frase de "la mesa en la cocina y el inodoro en el baño", poniendo fin a los secuenciales cambios de ubicación ejecutada por su antecesor Diego Simeone. Los jugadores de River, es cierto, siguen perdidos en su casa, más parecida a un laberinto, y no saben dónde queda el baño o la cocina. Pero flaco favor hacen los hinchas ofendiendo antes de que los jugadores siquiera toquen la pelota. Que no hubo banderas en Parque Patricios también es cierto, pero el tema perduró durante toda la semana. Es posible abstraerse de ese ambiente? Y justo le tocó jugar con un equipo que se siente libre en una cancha de fútboly que con el correr de este torneo comenzó a darse cuenta de que aún con las responsabilidades profesionales a cuestas la ludicidad que dio la génesis a un futbolista esté siempre presente.


A River se lo ve obnubilado, como suele ocurrir ante las angustias. Parece mirar en demasía tablas de posiciones, hacer cuentas matemáticas cuando en realidad el futbolista tiene que jugar y el entrenador hacer jugar.


Independiente transita por una situación similar. En algunos partidos parece emerger como en aquel partido ante Newell's pero parece que sólo se queda en prólogos. Aun con un empate agónico fechas atrás el entrenador Américo Gallego fue claro al señalar que jugando así se iba a perder más que ganar. Lo sufrió ante Argentinos y no tuvo milagros de final ante Godoy Cruz y ante el mixturado Estudiantes, que lo goleó impiadosamente.


Los dos equipos, cada uno a su forma, jugaron al fútbolde la mejor forma que pueden. La catarata de insultos tan baratos como viscerales de los hinchas qué pueden aportar. Tal vez crean que los futbolistas puedan interpretarlo como un tirón de orejas como ya les dio el entrenador tras la goleada ante Lanús. Pero un latir venenoso de las multitudes anónimas solo hacen sentir miedo. Acaso no fueron barras bravas a apretar durante la gestión de Pedro Troglio o la de Claudio Borghi?.


Cómo no va a sentir temor el futbolista. Cómo va a buscar en su interior aquello que hizo de él un jugador de pelota para ponerlo en el field. Se hace difícil. Estos últimos torneos están cacheteando la costumbre de que los grandes como River o Independiente, o San Lorenzo, sí o sí tienen que estar arriba.


Boca volvió a una victoria en el torneo vernáculo que no se le daba desde hace tiempo y se lo relacionó con la vuelta de Riquelme. Arsenal es uno de los equipos más livianos hoy en día y si bien no aparece como una medida, sirvió para anestesiar molestias que si no tuvo expresión es por la continuidad del equipo en la Libertadores. Uno sale campeón, uno sale último y el resto repartido por el enorme medio.


El fútbol siempre fue así, y ahora parece molestar que Lanús o Tigre, como en los dos torneos anteriores, se hayan animado, o Colón se anime y Huracán vuelva a animarse a sacudir los pedestales de los históricos. El problema es que si los chicos son los inesperados candidatos y animadores en la definición del torneo, va de suyo que los otros, los grandes, deberán conformarse con lo que queda, el gran medio, o el último lugar.

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