8 may. 2009

El fútbol de izquierda


Ángel Cappa, el entrenador de moda por estos lares, sostiene que el fútbol puede ser de izquierda porque depende de nosotros. Así, da lugar a pensar en un fútbol de derecha. Un deporte efectista que busca ganar a como de lugar, dejando atrás la identidad y premiando el eogísmo.

"Un entrenador, en un congreso, dijo que había hecho una encuesta acerca de qué es jugar bien, y que la gente no se puso de acuerdo y por lo tanto él concluyó que jugar bien es ganar. Entonces yo dije que había hecho una encuesta preguntando qué era una puerta. Y como no encontré una definición precisa llegué a la conclusión de que las puertas no existen", agrega Ángel, a modo comparativo.

De izquierda catalogan a Pep Guardiola y su Barcelona. Un equipo que puede servir de Dream Team para quienes no vivieron la época noventosa de Cruyff. Un conjunto que llena los ojos de fútbol, de pases, de sincronización, de goles y obras maestras. ¡Showtime!. Y que cuando no puede llevar a la práctica tanta teoría, termina metiendo un gol en el minuto 93. "El 1-0 es el peor resultado", tendría que ser la nueva máxima impuesta por el maldito gol de visitante que vale doble. El Barca caía ante el Chelsea, pero Iniesta clavó un derechazo que se metió de lleno en la historia blaugrana. Barcelona logra que se disfrute tanto un 6-2 ante el Madrid, y en el mismísimo Bernabéu, como un gol sobre la hora. Lo importante es que en los dos casos no renunció a sus ideas. Salvo cambios tácticos de turno, el dueño de la pelota fue el equipo catalán. En un caso ante una defensa permeable y en el otro ante un equipo que puso dos líneas de cuatro hasta el último segundo. Claro que en ese fatídico minuto 93, los ocho jugadores estaban a la altura de Petr Cech y nadie pudo cubrir el disparo del niño español.

César Luis Menotti dijo el año pasado en el diario Marca, y de manera acertada, que "para mí el Barça son Iniesta y diez más. Además, nunca se queja, no tiene una cara alegre ni cara de pícaro, ni es guapo... y eso le vale muchas suplencias. Tiene más bien cara de oficinista o de estudiante de secundaria, y eso le perjudica increíblemente. Un día de éstos tendría que hacer algo loco, tirarle la pelota a alguien o algo así, para que lo respetaran más".

En el mundo fútbol empezaron a respetarlo. No por cosas locas, sino por lecturas del juego que marcan la diferencia, que imponen respeto. Marca, recupera, juega, piensa y hace goles. Eso vale más que cualquier guapo de barrio.

Y parece, nomás, que ganarán los buenos. La final entre el Manchester United de Cristiano Ronaldo y el Barcelona de Messi tiene todos los argumentos para tirar la casa por la ventana. Dos grandes equipos, con grandes jugadores y que practican un juego similar, podrán dirimir quién es el mejor de Europa. No llegaron mediocres, ni pesimistas. Llegaron quienes debían llegar, quienes pueden darle una alegría a los hinchas neutrales, gane quien gane y pierda quien deba perder.El United lleva un invicto en la Champions de 25 partidos (por algo será) y Barcelona va en busca de terminar una temporada que puede ser perfecta (final de Copa del Rey y casi campeón liguero). Un combo que logró el mimísimo Ferguson en 1999.

"A la izquierda sí le interesa el contenido, la ilusión, la emoción. A la derecha no le importa la emoción, le importa ganar guita y punto. Y para ganar guita, destruyen el planeta, destruyen a la gente. Es el “pisalo, pisalo”. Desde los medios te forman una opinión. Pero también hay una paradoja: aparece Huracán, hace tres pases seguidos, y la gente se olvida de lo que le estuvieron diciendo los medios durante treinta años", sostiene Cappa.

El fútbol de izquierda es emocional. Tanto como ver un Chelsea-Barcelona.

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