22 dic. 2011

La única verdad es la realidad


Cuando la cosa viene malparida, generalmente mal termina.
Arsenio Ribeca se fue de Guaraní nomás, cansado de tanto ir y venir, podrido de promesas incumplidas y saturado de versos que siempre tenían como finalidad tranquilizar las aguas.
Y la verdad, está bien. Perfecto. Seguir así sería acostumbrarse a sufrir. A dejarse manosear y perder autoridad, personalidad y soberanía sobre lo que se hace o quiere hacer.
Está a la vista que el técnico rosarino no quería dejar de dirigir a Guaraní en este entusiasta proyecto que tenía como objetivo final el ascenso al Argentino A. Pomelo había llegado para eso. No había prometido un ascenso pero sí laburo, disciplina y buena predisposición. Y en base a esos atributos se ganó el apoyo de la gente. Pero también cosechó desprecio, si cabe la palabra.
Qué difícil resulta en este país, y sobre todo en el deporte, y más aún en el mundo de la redonda, recibir apoyo unánime. Ni el mejor dirigente, ni el más dedicado entrenador, o el mejor del mundo, como lo es Messi, pudo ni podrá lograrlo.
Algunos se esfuerzan, a veces de manera inverosímil, en encontrar una aguja en el pajar. Y sólo por eso cuestionan. Por cuestionar. Otros, en cambio, y esto es peor, lo hacen direccionados por ciertos intereses, como parece tenerlos Osvaldo Gutiérrez, el coordinador de Guaraní que responde al gerenciador Roberto Enríquez.
El malestar, primero, la bronca, más tarde, y por qué no, el odio, por último, que enfrentó a Ribeca y Gutiérrez desde hace un par de meses a esta parte erosionó, y hay que decirlo claramente, en el momento más inoportuno posible.
Y eso es lo que más cuesta entender. Cuando el equipo franjeado mejor hacía las cosas, ganaba, gustaba y goleaba, lideraba su grupo y era sensación en el Argentino B, comenzaron a florecer las discordias. Las quejas de Ribeca en un primer momento apuntaban a las pequeñas cuestiones, como la falta de un ventilador para los jugadores, un televisor, la ropa adecuada, mejores transportes, comidas y mayor intimidad para el grupo.
Después se sumó el drama con el médico y un colaborador, afines a Gutiérrez pero pocos funcionales a los intereses del entrenador.
En el medio de la compleja y cada vez más tirante trama, los dirigentes, que siempre veían el vaso por la mitad; nunca lleno, nunca vacío. Ni esto, ni aquello. Como queriendo escapar de una situación que sin dudas les pertenece. Más allá de su relación directa y hasta subordinada para con la gerenciadora, uno siempre espera decisiones dirigenciales, equivocadas o no, pero necesarias ante este tipo de circunstancias.
Y como cuando alguien calla, otorga, la odisea vivió varios capítulos más de los esperados. Sin dudas que Ribeca aportó a la causa con su indecisión, dejándose manosear y confiando ingenuamente, cual caperusita roja y el lobo, en las salvadoras palabras de algunos que dicen (no más que eso) tomar decisiones.
Para algunos, Ribeca tuvo huevos para enfrentar a Gutiérrez. Para otros, les faltó un par en determinados momentos.
Lo concreto es que el gran ganador de esta disputa resultó ser el propio coordinador, que en las mismísimas sombras de Villa Sarita sigue controlando y manejando los destinos del club. Y no los futbolísticos, justamente. Esos por los que se desviven cientos de hinchas franjeados.
Ribeca no murió, pero sin dudas pasó a mejor vida. Lejos de los psicólogos, terapeutas y de las pastillas que calman nervios, traumas y dolores.
Es una lástima por las personas que sí apoyaron a Ribeca, que verdaderamente defienden los intereses (sean éstos deportivos, financieros, sociales) del club, y que se habían entusiasmado con un ascenso que se aleja cada vez más.
Cuando la gente que debe tomar decisiones no lo hace, bueno sería que la empiecen a tomar otros. Otros que se animen a llevarlas a la práctica. Y que no se queden simplemente en palabras porque, se sabe, a las palabras se las lleva al viento…

9 dic. 2011

Misio, el sueño del pibe


El pibe es un orgullo, qué dudas pueden existir. Con sólo 17 años logró más que miles de pibes en el profesionalismo.
Martín Benítez, un delantero posadeño que recién está dando sus primeros pasos en el fútbol grande de Buenos Aires, de a poco comienza a escribir su historia en la Primera de Independiente.
Nacido en la tierra colorada y formado futbolísticamente en La Picada, “Misio”, como lo llaman en su lugar de residencia, es actualmente la gran esperanza del Rojo.
Salvando las distancias, su presente tiene algunas similitudes con la aparición del Kun Agüero, quien con sólo 15 años disfrutó las mieles del éxito y la fama cuando en ese entonces Oscar Ruggeri (quizás lo único bueno que hizo como DT de Independiente) lo mandó a la cancha en un partido frente a San Lorenzo.
Anoche fue justamente frente al Cuervo donde Benítez tuvo otra noche soñada. Es que el misionero, que saltó desde el banco, estuvo en el lugar indicado y en el momento preciso cuando Ferreyra mandó el centro al corazón del área y sólo tuvo que direccionar su frentazo para que el equipo de Ramón Díaz gane 1-0 un partido fundamental para las aspiraciones del Rojo de clasificar nada menos que a la Copa Libertadores de América, símbolo por excelencia en la historia roja.
Misio, que el fin de semana pasado convirtió su primer gol en su primer partido como titular (marcó el 1-1 ante Newell’s), ya tiene dos goles en un par de partidos, y los hinchas del Rojo ya se ilusionan con que se trate de la aparición del nuevo ídolo.
El reconocido técnico y ex jugador Leopoldo “Chumpi” Benítez, tío del pibe en cuestión, hace años viene hablando del nuevo crack misionero, y razón no le faltaba cuando avisaba que “el pibe tiene unas condiciones bárbaras”.
Ramón Díaz, experto en eso de “descubrir diamantes en bruto” (Saviola, Cavenaghi y Maxi López son claros ejemplos), quiere que Tincho se transforme en su as de espadas, aunque él mismo reconoce que “se trata de un chico recién, que tiene muchas cosas por aprender todavía”.
Por lo pronto, el pibe que este año también vistió la camiseta de la selección argentina sub 17 en el Sudamericano de Ecuador y en el Mundial de México, mantiene ilusionada a la mitad de Avellaneda con el ingreso al torneo madre del club.
"Este triunfo se lo dedico a todo Misiones", dijo ayer, post victoria sobre el Cuervo, el pibe, en una clara muestra de que, además de talento, capacidad y ganas, se apoya en la humildad para mantener los pies sobre la tierra y no caer en esa inevitable tentación que conduce sin escalas al fracaso.
Son sus primeros pasos, pero en Misiones tenemos que festejar el presente del goleador de las inferiores del Rojo. Así como él, otros tantos pibes incluso más chicos buscan trascender las fronteras en la elite del fútbol argentino.
En Primera División siempre hubo y, seguramente habrá, abanderados misioneros, pero mientras tanto hay que saber disfrutar a los que se hacen su camino, más allá de los colores de ocasión.
Llegar cuesta más de lo que cualquiera pueda imaginarse. Primero fue un acierto de Chumpi, más tarde fue Pancho Sá el que se entusiasmó con el pibe y ahora fue el ojo clínico de Ramón Díaz el que lo llevó a la cúspide.
Por estas horas su familia seguramente estará nadando en un mar de lágrimas de emoción, sabiendo que se cumplió "el sueño del pibe".

6 dic. 2011

"Si me quedo o me voy"


Veo el presente de Guaraní y, de manera casi natural, se me viene a la cabeza el tema "Si me quedo o me voy", de los Fabulosos Cadillacs. Y la letra a la que se refiere la música tiene que ver con la indecisión. Esa palabra es la que hoy por hoy moldea cada paso en la vida de Arsenio Ribeca.
La ciclotimia es una marca registrada en varias personas, y en el caso del entrenador de Guaraní parece potenciada.
Hace una semana todo indicaba que, pese a sus interminables cruces con Osvaldo Gutiérrez, coordinador del fútbol franjeado, finalmente se quedaba en Villa Sarita. Horas más tarde, cansado de la falta de respuesta de una comisión directiva que desconoce lo que es jugarse por algo, confirmó públicamente que se alejaba del club y que su decisión no tenía marcha atrás. El fin de semana, cuando Guaraní empató con For Ever en Villa Sarita, su cara reflejaba lo que habían dicho sus palabras. Pero ayer, al parecer persuadido por los consejos de personas de corazón franjeado, aflojó un cambio y estaría pensando en quedarse.
La verdad, más allá de lo que resuelva finalmente, hubo muchas idas y vueltas en la cuestión. Y lo que haga el técnico de Guaraní estará de alguna manera salpicado por su poca convicción.
El tema no debiera ser tan complicado. Ribeca no parece necesitar prensa para trascender fronteras. Tampoco hacerse el misterioso, si es que en su interior ya sabe lo que quiere. Y creer que no sabe lo que hará resulta, cuanto menos, llamativo.
Los que están cansados de este ‘puterío’ (porque de eso se trata), afirman que Ribeca está buscando excusas para irse. Que se dio cuenta que no tiene un plantel tan competitivo como pensaba en la previa y que para evitar un fracaso más vale pegar el portazo a tiempo y quedar bien parado. Otros también sugieren que aprovecha la ocasión de ensuciar a Gutiérrez porque le surgió una posibilidad de dirigir en una categoría superior, por lo que tendría una salida muy elegante. Rumores, es cierto, pero que podrían tomarse en cuenta.
La mayoría, en cambio, aquellos que apoyan al técnico y despotrican constantemente contra Gutiérrez, entienden las actitudes del técnico. Saben que es lógico que quiera emigrar, pero buscan alternativas para convencerlo de que se quede, porque confían en que es el hombre que puede depositar a la Franja en el Argentino A.
Acá es cuestión de hacerse respetar, no dejarse manosear y ser claro y contundente con lo que se pretende. Y poner y ponerse un límite.
Si Ribeca desea contar con su propio cuerpo médico y no con el que le impone Gutiérrez, cosa totalmente entendible, y no lo consigue, no debiera ceder. Tampoco debiera esperar que tome una determinación al respecto la comisión directiva, porque probablemente antes finalice la temporada. A veces no todo debe ser blanco o negro, pero en esta interminable como improductiva disputa no existen los grises. Está el apoyo o no está. Ribeca sabe que muchos de los que toman decisiones especulan con los resultados, y teniendo en cuenta los últimos, el crédito no está demasiado abierto.
El problema es que la tercera pata de esta polémica relación no termina de tomar postura. La dirigencia prefiere ‘dormir’ el tema, restarle relevancia y no involucrarse demasiado. Y por eso sólo se escuchan acusaciones cruzadas de Gutiérrez y Ribeca en los diferentes programas radiales. Lo preocupante es que Gutiérrez no tiene ni un ápice de orgullo, porque no se entiende cómo una persona insultada de manera masiva, cuestionada por todos y apoyada sólo por el as de espadas del proyecto, se traga todo lo que escucha y sigue su vida con total normalidad. Sin dudas lo hace porque atrás de todo, los beneficios (¿económicos quizás?) son ampliamente mayores que los perjuicios.
Enríquez, gerenciador del club, tampoco está demasiado interesado en aportar herramientas que disminuyan las tensiones. Su ‘silenzio stampa’ no hace más que sumar nafta al fuego. Como máximo inversionista que es, bien podría cortar de raíz el tema. Y aunque todo el mundo sabe que Gutiérrez es su mano derecha, estaría bueno que al menos salga a decir lo que piensa. Podrá decir, el dueño de una de las mayores constructoras de la provincia, que las decisiones están en manos de los dirigentes, cosa verídica, pero teniendo en cuenta el escaso grado de ‘involucramiento’ dirigencial, por qué no tratar de aclarar.
Ribeca, a su vez, tampoco está exento de responsabilidades. O de culpas, para sincerar el tema. A esta altura ya se dejó manosear demasiado. Nadie duda de su frontalidad para decir las cosas, pero sí de su poder de decisión para llevarlas a cabo. Pero justamente por ello se armó este ‘puterío’, porque la indecisión es un sello que marca a todos y cada uno de los involucrados. Mientras al menos una persona no decida plantarse, la novela tendrá varios capítulos más. Que los hinchas, amantes o no de las novelas, deberán seguir mirando. A la espera de un final feliz que no ofrece certezas.