6 dic. 2011

"Si me quedo o me voy"


Veo el presente de Guaraní y, de manera casi natural, se me viene a la cabeza el tema "Si me quedo o me voy", de los Fabulosos Cadillacs. Y la letra a la que se refiere la música tiene que ver con la indecisión. Esa palabra es la que hoy por hoy moldea cada paso en la vida de Arsenio Ribeca.
La ciclotimia es una marca registrada en varias personas, y en el caso del entrenador de Guaraní parece potenciada.
Hace una semana todo indicaba que, pese a sus interminables cruces con Osvaldo Gutiérrez, coordinador del fútbol franjeado, finalmente se quedaba en Villa Sarita. Horas más tarde, cansado de la falta de respuesta de una comisión directiva que desconoce lo que es jugarse por algo, confirmó públicamente que se alejaba del club y que su decisión no tenía marcha atrás. El fin de semana, cuando Guaraní empató con For Ever en Villa Sarita, su cara reflejaba lo que habían dicho sus palabras. Pero ayer, al parecer persuadido por los consejos de personas de corazón franjeado, aflojó un cambio y estaría pensando en quedarse.
La verdad, más allá de lo que resuelva finalmente, hubo muchas idas y vueltas en la cuestión. Y lo que haga el técnico de Guaraní estará de alguna manera salpicado por su poca convicción.
El tema no debiera ser tan complicado. Ribeca no parece necesitar prensa para trascender fronteras. Tampoco hacerse el misterioso, si es que en su interior ya sabe lo que quiere. Y creer que no sabe lo que hará resulta, cuanto menos, llamativo.
Los que están cansados de este ‘puterío’ (porque de eso se trata), afirman que Ribeca está buscando excusas para irse. Que se dio cuenta que no tiene un plantel tan competitivo como pensaba en la previa y que para evitar un fracaso más vale pegar el portazo a tiempo y quedar bien parado. Otros también sugieren que aprovecha la ocasión de ensuciar a Gutiérrez porque le surgió una posibilidad de dirigir en una categoría superior, por lo que tendría una salida muy elegante. Rumores, es cierto, pero que podrían tomarse en cuenta.
La mayoría, en cambio, aquellos que apoyan al técnico y despotrican constantemente contra Gutiérrez, entienden las actitudes del técnico. Saben que es lógico que quiera emigrar, pero buscan alternativas para convencerlo de que se quede, porque confían en que es el hombre que puede depositar a la Franja en el Argentino A.
Acá es cuestión de hacerse respetar, no dejarse manosear y ser claro y contundente con lo que se pretende. Y poner y ponerse un límite.
Si Ribeca desea contar con su propio cuerpo médico y no con el que le impone Gutiérrez, cosa totalmente entendible, y no lo consigue, no debiera ceder. Tampoco debiera esperar que tome una determinación al respecto la comisión directiva, porque probablemente antes finalice la temporada. A veces no todo debe ser blanco o negro, pero en esta interminable como improductiva disputa no existen los grises. Está el apoyo o no está. Ribeca sabe que muchos de los que toman decisiones especulan con los resultados, y teniendo en cuenta los últimos, el crédito no está demasiado abierto.
El problema es que la tercera pata de esta polémica relación no termina de tomar postura. La dirigencia prefiere ‘dormir’ el tema, restarle relevancia y no involucrarse demasiado. Y por eso sólo se escuchan acusaciones cruzadas de Gutiérrez y Ribeca en los diferentes programas radiales. Lo preocupante es que Gutiérrez no tiene ni un ápice de orgullo, porque no se entiende cómo una persona insultada de manera masiva, cuestionada por todos y apoyada sólo por el as de espadas del proyecto, se traga todo lo que escucha y sigue su vida con total normalidad. Sin dudas lo hace porque atrás de todo, los beneficios (¿económicos quizás?) son ampliamente mayores que los perjuicios.
Enríquez, gerenciador del club, tampoco está demasiado interesado en aportar herramientas que disminuyan las tensiones. Su ‘silenzio stampa’ no hace más que sumar nafta al fuego. Como máximo inversionista que es, bien podría cortar de raíz el tema. Y aunque todo el mundo sabe que Gutiérrez es su mano derecha, estaría bueno que al menos salga a decir lo que piensa. Podrá decir, el dueño de una de las mayores constructoras de la provincia, que las decisiones están en manos de los dirigentes, cosa verídica, pero teniendo en cuenta el escaso grado de ‘involucramiento’ dirigencial, por qué no tratar de aclarar.
Ribeca, a su vez, tampoco está exento de responsabilidades. O de culpas, para sincerar el tema. A esta altura ya se dejó manosear demasiado. Nadie duda de su frontalidad para decir las cosas, pero sí de su poder de decisión para llevarlas a cabo. Pero justamente por ello se armó este ‘puterío’, porque la indecisión es un sello que marca a todos y cada uno de los involucrados. Mientras al menos una persona no decida plantarse, la novela tendrá varios capítulos más. Que los hinchas, amantes o no de las novelas, deberán seguir mirando. A la espera de un final feliz que no ofrece certezas.

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