16 abr. 2009

Las venas abiertas de los clubes


Sería ingenuo creer que el deporte se practica exclusivamente por la pasión. Que se juega por amor a la camiseta. Por orgullo.
Hoy, más que nunca, y al ver cómo lloran las finanzas de los diferentes clubes del mundo, está claro que se marketinizó todo. Así, mientras las entidades más grandes de cada categoría marcan terreno, las “más pequeñas” tratan de hacerle frente a la situación como pueden. Y así les va. Con ganas, esfuerzo y voluntad, ambiciones potenciadas y excesiva energía, ya no alcanza para llevar a un equipo a la gloria. Sin presupuesto, materia prima indiscutible para que lleguen los éxitos, navegar sin turbulencias es imposible.
Sea a nivel internacional, nacional, regional o local, las diferencias entre los poderosos y los débiles están a la vista. No hace falta incursionar en detalles para ver la brecha entre ambos.
En el ámbito doméstico hay sobradas muestras de ello. Atlético Misiones fue el primero en bajarse del torneo de la Liga Posadeña. Y aunque la excusa fue la mala relación con la entidad madre del balompié posadeño, está claro que costear una participación implica más gastos que beneficios. Y que por eso el Tricolor desistió de participar, al menos en las divisiones más importantes.
En la primera B se bajó Almagro antes que arranque el torneo. La semana pasada, y en pleno desarrollo de la competencia, tomó la misma medida Deportivo Garupá y Sporting de Santo Pipó ya confirmó que ni bien finalice el certamen desistirá de seguir participando. En todos los casos, el motivo fue el mismo: falta de presupuesto para sostener al equipo.
En la primera C se bajaron El Laurel, que ganó con puntaje ideal el Apertura, y Social y Deportivo Unidos, que prefirieron no hipotecar su futuro y dar un paso al costado.
¿Se puede entonces, en estas condiciones, llevar adelante un proyecto deportivo sin aportes “extras”? Por los hechos parece que no. Ojalá lleguen “capitales”, privados o gubernamentales, y las venas abiertas de los clubes puedan cicatrizar.

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