4 nov. 2010

¿No será demasiado?


Inhumano. Este parece ser el mejor calificativo para graficar el momento que está atravesando actualmente el equipo de básquet de Racing. Por anuencia propia u obligaciones ajenas, la Academia juega prácticamente un partido por día con los mismos jugadores.
Algunos dicen que los futbolistas europeos son superdotados al poder disputar tres juegos a lo largo de una semana. En Argentina muchos aseguran que es un acto desalmado y hasta imposible. Pero sólo hace falta ver y analizar la realidad del básquet misionero para entender que ninguno de estos denominadores es demasiado.
El quinteto de Horacio Santa Cruz terminó de jugar hace menos de un mes el torneo de la Asociación Posadeña. Fue, junto a Cataratas, el que más minutos jugó en ese torneo, el que se consagró subcampeón. Paralelamente al desenlace de dicha competencia, se puso en marcha el torneo de la Liga Provincial, muchos más cansador debido a los viajes al interior. Y mientras afronta sus partidos de los cuartos de final después de una seguidilla de juegos en los que completó la fase regular, el pasado miércoles debutó en el Torneo Integración, que reúne a tres equipos posadeños y otros tantos de Paraguay.
Racing jugó el pasado martes con OTC en Posadas un partido pendiente de la Liga, un día después chocó con Pettirossi de Encarnación por el Integración, 24 horas más tarde volvía a enfrentar al conjunto obereño por los playoffs de la Liga y mañana viernes jugará la 3° fecha del Integración.
Parece un acto asesino, sin dudas. La Liga y la APBB sufren horrores a la hora de ponerse de acuerdo cuando deben programar un partido de Racing. Pero como pueden, quieran o no en la Cantera, los dirigentes misioneros siempre encuentran un horario disponible para que los chicos de la Academia no pierdan ritmo.
Esto, sin dudas, y más allá de la juventud que caracteriza al plantel de Cabeza Santa Cruz, va en contra del físico de los jugadores, en contra de las pretensiones del equipo y también, claro está, en perjuicio del espectáculo.
Pocos lo tienen en cuenta. Pero se trata de un acto para valorar pero también para corregir. Una cosa es mantener viva la competencia doméstica, tener la posibilidad de ver básquet cada 24 horas y coronar campeones casi mensualmente. Pero otra, muy distinta, es hacerlo a cualquier precio. Por suerte, el entrenamiento, las condiciones físicas y el espíritu deportivo de cada jugador suple por ahora estas dificultades, pero que no sorprenda si en algún momento las consecuencias a pagar son muy altas.
Es un simple llamado de atención. Los pibes siempre van a estar en “condiciones” de jugar. Por amor al deporte, por necesidad económica o por orgullo. A los entrenadores les da currículum. A los dirigentes parece no importarles demasiado. Y la gente sólo quiere ver acción. Así las cosas, da la sensación de que sólo los padres perciben esta realidad. Ojalá todos abramos los ojos.

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