22 oct. 2010

Otro capítulo entre la Liga y los árbitros posadeños


No es nuevo, pero el conflicto sigue sumando capítulos. De uno y otro lado. De uno está la Liga Posadeña de Fútbol. O mejor dicho, su presidente, Luis María Valdovinos y el ex presidente del Colegio de Árbitros. Y del otro, justamente, los hombres de negro, cada vez más cuestionados. Por algunos, no por todos.
Cuando el fin de semana pasado se tomó la determinación de suspender parcialmente toda la actividad doméstica de las diferentes categorías, no quedaron demasiado en claro las circunstancias que lo llevaron a materializarse. Desde el ente que rige los destinos del fútbol local argumentaron que la medida se adoptó por la falta de médicos que se da periódicamente en cada escenario y que obliga a los jueces a suspender el inicio de un juego. Los árbitros, a todo esto, decidieron paralizar el Oficial posadeño por una semana, reunirse en la Liga y acordar definitivamente los pasos a seguir.
Pero corrió el rumor de que la Liga, internamente, quería una reunión con los hombres de negro para poner algunos puntos sobre la mesa. En definitiva, obligar a los árbitros a mejorar su desempeño.
Esto, lógicamente, no cayó para nada bien entre los “colegas”, quienes no obstante retiraron sus designaciones para dirigir el fin de semana.
La historia de esta relación más tirante que amorosa entre Valdovinos y los árbitros hace tiempo que vio la luz por primera vez. Aquel conflicto que derivó en la final del Oficial 2006, donde un jugador de Crucero golpeó a Ramón Rossi, los supuestos clásicos arreglados entre Guaraní y Crucero del cual algunos jueces no quisieron ser parte y los constantes rechazos para que los árbitros posadeños dirijan en torneos nacionales son algunos de los acontecimientos que tuvieron la misma reacción que la sal en una yaga.
Y con el tiempo, la bronca entre estos dos sectores que inevitablemente deben saber convivir fue aumentando. Pese a los reclamos, el titular liguista les dio la posibilidad a algunos de que muestren sus condiciones en el Argentino B (Luis Flores tuvo un discutido pero correcto desempeño en un clásico entre Crucero y Guaraní en Santa Inés por el Argentino B) y a otros en los partidos amistosos de la selección argentina sub 20 (Edilio Castillo, Gastón Ramírez y Hugo Mega tampoco desentonaron).
El que tiró más nafta al fuego fue Luis Sotelo, ex titular del Colegio de Ábitros, quien un par de días después de llegar a un acuerdo con los jueces, aseguró en un programa televisivo que los árbitros posadeños no están capacitados, carecen de entrenamiento físico y técnico, están gordos, son los mejores pagos y son quienes en verdad ponen trabas para que se juegue. Y la verdad, algo de cierto hay en las palabras de quien hoy es ladero de Valdovinos.
No todos se capacitan, se entrenan y se esmeran de la misma manera, aunque no por ello hay que poner a todos en la misma bolsa. Recientemente Gastón Ramírez se recibió de árbitro nacional y se sumó a Luis Flores. Y Mega es asistente nacional desde el año pasado. Otros, como Cañete, suman partidos y demuestran que van por el camino correcto. Otra discusión es si está bien que un árbitro como José Gómez, que pasó el límite de edad, continúe dirigiendo, incluso cuando demuestra estar en un muy buen nivel.
Con respecto a si están “bien pagos”, habría que ver qué se toma como parámetro. 400 pesos cobra una terna por dirigir una doble jornada, o sea, partido de reserva y primera. Son 140 para el árbitro y 70 para cada asistente en Primera y 60 y 30 y 30 para cada línea en Reserva. Cada uno sabrá si es mucho o poco. Si esa cifra vale la pena por estar cuatro horas bajo el sol o la lluvia o si es demasiado premio para alguien que por momentos pareciera estar cobrando por recibir insultos.
Para quien suscribe estas líneas, amante y crítico como pocos del fútbol autóctono, el arbitraje posadeño no está pasando por su peor momento. No será para elogiar, pero tampoco para ser tan drásticos. Hay quienes tienen un techo, y al dirigir tal o cual partido sienten las presiones. Hay otros que se hacen respetar (hay maneras y maneras) y generan malestar en el jugador. Otros sólo se dedican a cumplir el reglamento a rajatabla, descartando prácticamente el sentido común. Otros buscan el diálogo, evitar la polémica, evadiendo así complicaciones. Hay buenos y malos. O no tan buenos y menos malos.
También es cierto que a veces resulta una misión casi imposible dirigir a los jugadores posadeños, algunos de los cuales ni siquiera conocen el apéndice del reglamento, carecen de buena conducta y tratan de arreglar con palabras aquello que no pueden resolver jugando.
Parece complicado ponerse de uno u otro lado cuando, en algunas cuestiones, ambos tienen razón en sus pedidos y sus críticas. Pero lo único concreto es que, por estos caminos, llegar a destino siempre será un desafío lleno de obstáculos, sobre todo para los hombres de negro.

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