4 oct. 2010

Acasuso y Hartfield, ¿cerca del adiós?



El presente es poco alentador, hay que reconocerlo. Pero los misioneros deberemos acostumbrarnos a no ver más a José Acasuso y Diego Hartfield en los primeros planos del tenis mundial. De hecho, verlos con relativa frecuencia en algún Challenger debiera ya ser motivo de alegría.
Lastimosamente, en los últimos meses las lesiones parecieran ser inherentes a los dos mejores tenistas que dio la tierra colorada, que desde hace más de un año dejaron de figurar en los cuadros principales de los torneos ATP del circuito profesional.
Ambos han abandonado torneos en reiteradas oportunidades y, pese al tratamiento médico que llevaron adelante, existen realmente pocos motivos como para ilusionarse con verlos, al menos, entre los mejores 100 del mundo, que no es poca cosa.
Chucho, que en el 2006 estuvo entre los mejores 20 tenistas del planeta, hoy se encuentra en el puesto 248 del ranking, hace tiempo no disputa un certamen ATP y pretende insertarse nuevamente en el circuito a través de los torneos Challenger. El último partido de un torneo ATP que ganó data del 1 de febrero del corriente año, cuando superó al ignoto chileno Hans Podlipnik Castillo en la primera ronda del Abierto de Chile.
Antes de eso, el posadeño, ganador de los Abiertos de Sopot (2002), Bucarest (2004) y Viña del Mar (2006) y finalista en ocho oportunidades, cayó en primera ronda en Sidney y en el debut en el Abierto de Australia. Con la derrota frente a Schwank, justamente en suelo trasandino, en segunda ronda, comenzó el descenso de Acasuso.
Hacía tiempo que jugaba con dolores en su rodilla izquierda. Intentó con antiinflamatorios para no perderse la Gira de Oro Latinoamericana, pero finalmente dijo basta y decidió entrar al quirófano, donde fue intervenido en el Instituto de Diagnóstico y Tratamiento de Buenos Aires. Se le diagnosticó una artroscopía de rodilla para corregir una plica, que es un repliegue de la cápsula sinovial que se interpone en la mecánica de la rodilla y le provoca un pinchazo que se traduce en malestares.
Del puesto 50 del ranking cayó súbitamente al 150 tras la operación, aunque el título que logró en el Challenger de Túnez lo volvió a dejar entre los mejores 100 del mundo. Sin embargo, y debido al ranking, no pudo acceder al cuadro principal de ningún torneo ATP, y por primera vez en varios años debió disputar la qualy para jugar Roland Garros, cayendo inesperadamente en el último partido de la clasificación.
Una nueva lesión lo obligó a parar durante cuatro meses (de fines de mayo a fines de septiembre), y aunque planificó su nuevo regreso al Challenger de Buenos Aires, decidió adelantar su vuelta en Cali, aunque se despidió en la segunda ronda al caer con el dominicano Victor Estrella, 250 del mundo.
Y cuando todos esperábamos verlo en el Vilas Club, Chucho decidió bajarse del certamen argentino correspondiente a la Copa Petrobras por una nueva molestia, esta vez en el codo. Así, el futuro de Chucho, próximo a cumplir 28 años, parece cada vez más oscuro.
La historia de Diego Hartfield no difiere demasiado de la de su coterráneo.
En los últimos dos años, desde octubre del 2008 hasta ahora, el Gato sólo jugó 23 partidos (seis en el último trimestre del 2008, cinco a lo largo del 2009 y 12 en los primeros 9 meses del corriente año). El obereño, que en septiembre del 2007 llegó a estar entre los mejores 75 del mundo, jugó, en los posteriores dos años, para permanecer en el top 100.
Hoy, a sus 29 años, Hartfield se ubica en el puesto 1730 del escalafón mundial, aunque su ranking protegido le permite jugar Challengers.
A principios del año pasado, cuando figuraba 172 en el listado de entradas, el Gato jugó su último ATP. Después vino la severa lesión en el tendón rotuliano y un parate que aún deja importantes secuelas. Rápidamente se quedó sin ranking y, nueves meses después de la operación, está intentando volver. Pero las heridas no cicatrizaron y los dolores lo obligaron a abandonar en los últimos dos torneos de Colombia, en los que pensaba recuperar ritmo de competencia.
Él, a diferencia de Acasuso, tratará de que Buenos Aires sea motivo de nuevas esperanzas.

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