16 jun. 2009

El fútbol de Misiones celebra el ascenso de Crucero


Finalmente, pudo. Crucero logró lo que se venía proponiendo desde hace tres temporadas y al fin consiguió el ascenso al torneo Argentino A. De esta manera, el fútbol misionero vuelve a tener un representante en la tercera categoría.
Pero vaya si hubo que sufrir para que la tierra colorada pueda recuperar una plaza que dejó vacante Candelaria en el año 2005.
El camino que tuvo que recorrer el conjunto de Santa Inés estuvo plagado de obstáculos, de espinas de grueso calibre y de todo tipo de incidentes.
Pero desde un primer momento tanto jugadores, como técnico y dirigentes se hicieron cargo del mote de candidato y no le esquivaron a la situación. Encararon el ambicioso proyecto conscientes de que no ascender era sinónimo de fracaso. Y aunque por momentos la campaña estuvo signada por mantos de duda, la consagración final en Mar del Plata despejó cualquier tipo de mancha en el horizonte.
Más allá de todo, las escasas tres derrotas en 32 encuentros habla a las claras de una campaña regular, donde las principales virtudes estuvieron en fortalecerse como local y sumar puntos como visitante, incluso apelando a planteos ultradefensivos.
La supremacía sobre Guaraní en los clásicos, las goleadas sobre Mandiyú, la aplastante victoria ante La Florida (el rival más peligroso que tuvo y contra el que nunca perdió) y el excelente Cuadrangular final también contribuyeron a que los números hablen por sí solos.
Pero la derrota, sorpresiva como inesperada, en la final ante Estudiantes de Río Cuarto, modificó el escenario inicial, y el proyecto "ascenso" sufrió un vuelco considerable.
No obstante, cuando el desánimo, la impotencia y la desazón por haber perdido en Córdoba parecían adueñarse de todas las almas del Colectivero, floreció el amor propio en algunos, el hambre de gloria en otros y la fortaleza mental de otros. Todo esto, apoyado por un motivador discurso de Dechat, le posibilitaron al Colectivero ganar ajustadamente en Santa Inés y defender con uñas y dientes la ventaja en el Mundialista José María Minella.
El eufórico grito de Marczuk, el llanto de Marzo, el desmedido aliento de Pey y Cabrera y las lágrimas de tantos otros fue el fiel reflejo de que tanto esfuerzo finalmente valió la pena. Y Misiones festeja. Porque tiene materia prima. Y porque sueña con volver al fútbol grande. Que soñar, y sobre todo cuando las cosas se hacen correctamente, no cuesta nada...

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