4 sept. 2011

Un triángulo con final infeliz


Cuando chocan de frente un camión y un colectivo, imposible que no haya un accidente. Que después, con el tiempo, las partes involucradas se recuperen y vuelvan a transitar juntos sus caminos es otra cosa, pero nadie ni nada quitará esa mancha que dejó ese accidente.
El delantero de Crucero del Norte, Fernando Márquez, y el titular de la entidad colectivera, Julio Koropeski, tuvieron un duro cruce en las últimas horas que derivó en la desafectación del futbolista del plantel principal que está disputando el torneo Argentino A.
Más allá de conocer las causas que derivaron en semejante determinación, que prefiero preservar, lo único que puedo afirmar es que la medida adoptada no llegó en el mejor momento. Ni para el goleador, ni para el presidente y, peor aún, para el bienestar del propio club.
Primero para el delantero, que dejará de entrenar con el plantel principal y afrontará un prolongado periodo fuera de las canchas. Y segundo para el propio máximo dirigente del club, que se ganó un problema importante que seguramente derivará en algunos más que llegarán del ámbito legal.
Pero lo peor es lo que sufrirá el plantel, que más allá de los resultados que consiga en las próximas jornadas, quedará golpeado ante la ausencia de un 'compañero' que no pasará desapercibida.
La carrera del Cuqui Márquez en Santa Inés parece haber llegado a su fin en Sunchales, cuando el técnico Pedro Dechat decidió reemplazarlo promediando el segundo tiempo en el partido frente a Libertad. A Koropeski hubo una gota que le rebasó el vaso, y por eso tomó la decisión de separar al jugador por "indisciplina".
El jugador, máximo goleador del Colectivero en el Argentino A, recibió la comunicación de que iba a ser dado de baja antes de la última práctica del Colectivero previa al encuentro frente a San Martín de Tucumán, por la 3° fecha del torneo.
Como la relación entre el futbolista y el entrenador tampoco venía bien barajada desde hacía tiempo, cuando Márquez y Dechat se vieron cara a cara antes de esa última práctica el aire de Santa Inés se tornó espeso, denso, lleno de partículas invisibles de tensión que no tardaron en quedar expuestas. Los gritos, insultos mediantes, atraparon en un par de segundos las miradas y los oídos de varios (jugadores, integrantes del cuerpo técnico, empleados del club, socios) en el mismo momento en que los equipos 'caseros' de Crucero y Guaraní se veían las caras en el verde césped por la Liga Posadeña. Ahí llegaría el quiebre (¿definitivo?) de la relación entre director técnico y dirigido, mientras que más tarde llegaría el 'aval' dirigencial a favor de la decisión del entrenador.
Más allá de las causas que determinaron el enojo de cada parte, y las consecuencias que se forjaron mediante ellas, no caben dudas de que es un herida más que sufre este plantel colectivero que comenzó rengueando este sinuoso y espinoso camino en el torneo Argentino A, al menos desde los números.
Y aunque como suele suceder en estos casos el tiempo seguramente le dará la razón, o no, a cada parte, está claro que hoy por hoy nadie se beneficia con esta medida. Y, vale aclararlo, tampoco cierta parte de la prensa, como pretenden hacer entender algunos 'chupaculos mala leche'.

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