31 may. 2011

La importante apuesta de Ribeca


Al menos en la previa, los dirigentes de Guaraní, tan cuestionados en este 2011 que ya lleva cinco meses cumplidos, apostaron fuerte y decidieron traer a un hombre de experiencia y reconocimiento para hacerse cargo del plantel principal que disputará el próximo torneo Argentino B.
Cansados seguramente de fracasos, porque los últimos resultados así lo indican claramente, César Decamilli, el resto de la comisión directiva, Osvaldo Gutiérrez y hasta el propio gerenciador Roberto Enríquez se pusieron de acuerdo y entendieron que había que traer a un hombre de prestigio, reputación y ascendencia para aspirar a cosas importantes, que hoy por hoy no es otra cosa que un ascenso al Argentino A.
Finalmente, Arsenio Julio Ribeca le ganó la pulseada a Horacio Cirrincione y Damián Kalujerovich y a partir de las próximas horas se calzará el buzo de DT para dar sus primeras indicaciones en el Clemente Fernández de Oliveira.
Peracca y Padrón fueron los últimos que dejaron “algo bueno” en Villa Sarita. Hace años, claro. Porque después llegó Rubén Rossi y su ingenua ideología de querer jugar como la Holanda del ’74 (por suerte no llegó a conocer al Barcelona actual). Luego arribó el ultradefensivo Daniel Cravero, que pese a pregonar un juego destructivo le dio algo de alegría al pueblo franjeado.
Más tarde asumió como técnico Luis Marabotto, quien venía con un currículum importante en las inferiores de Chacarita. Dejó más penas que gloria, y así y todo después terminó dirigiendo al Funebrero en Primera División.
A mediados del 2009 la dirigencia optó por el ultra conocido Mariano De la Fuente (¿?), que venía de dirigir a Justo José de Urquiza, club que, sinceramente, dudo que alguien de la CD sepa en qué categoría del fútbol argentino juega. Alejandro Enrique, uno de los referentes de aquel equipo franjeado y que antes de recalar en Guaraní había vestido esos colores, quizás tuvo algo que ver en aquella sorpresiva llegada.
Después, lo último. La historia conocida de Hugo Castillo. Reconocido por algunos, cuestionado por otros, valorado por estos, rechazado por aquellos. Pero que agarró un fierro caliente sin demasiada trayectoria como DT sólo por su amor a la camiseta que lo formó como persona y jugador en momentos gloriosos.
Pasaron muchos años. Una década para ser más exactos, desde que Darío Labaroni se daba el gusto de ganar campeonatos, aunque más no sean locales, en 2000 y 2002.
Hoy las ambiciones cambiaron. Un título doméstico no es otra cosa que un maquillaje con el que se quiere esconder el verdadero rostro.
La llegada de Enríquez acercó billetes a las arcas franjeadas. El Gobierno también aporta lo suyo. El estadio pide a gritos albergar partidos de mayor trascendencia. Y tanto los dirigentes como los cada vez más sensibles (para no decir cansados) simpatizantes saben que el Argentino B le queda chico al afanoso proyecto.
Y la apuesta de Arsenio Ribeca es, al menos en la previa, esperanzadora. Los motivos son varios. El rosarino, nacido en la cuna leprosa y que vistió los colores de Newell’s en Primera División en la década del ’70, tiene como antecedentes previos dos ascensos: con Boca Unidos de Corrientes y Real Arroyo Seco, en ambos casos del Argentino B al A, lo mismo que buscan en Villa Sarita.
Ribeca, que también jugó en San Martín de Tucumán, Lanús y Unión de Santa Fe, viene de dirigir, sin tanto éxito, a Central Córdoba de Santiago del Estero en la tercera categoría del fútbol argentino, pero ahora vuelve a la divisional que más satisfacciones le dio.
Una conocida frase timbera asegura que ‘lo que cuesta vale’, y está claro que los dirigentes franjeados y el propio Enríquez decidieron hacer un esfuerzo para de una buena vez intentar dar ese salto de calidad que no puede esperar más.
Como siempre, sólo el tiempo dirá si, en definitiva, fue la mejor opción. Por ahora parece serla.

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