4 oct. 2009

Premio a una pertinente política de estado


La elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016 es resultado de una campaña, como otras que Brasil impulsa, por un lugar de peso en la ONU o por un acuerdo climático global y, al igual que esas iniciativas, contribuye a reposicionar al país en el mundo.
Ahora Brasil, que es una potencia futbolística con cinco Copas del Mundo en su haber y que hace un culto del deporte, tendrá la oportunidad, por primera vez en América del Sur, de organizar una justa olímpica, luego de una campaña en la que desde el presidente Luiz Inacio Lula da Silva hacia abajo, las autoridades no se cansaron de repetir el eslogan: "Este es el turno de Brasil".
"Brasil precisaba de estas olimpíadas", "este pueblo merecía esa oportunidad", dijo Lula, quien tiene más del 80 por ciento de popularidad en su séptimo año de mandato, en sus primeras palabras en Copenhague, luego de recibir del Comité Olímpico Internacional (COI) la noticia sobre la elección de Río para 2016.
Lula, que ya contribuyó a conseguir la Copa del Mundo 2014 para su país, ha impulsado a Brasil junto a su canciller, Celso Amorim, a formar parte de los grandes debates internacionales y a posicionarse como el gran articulador entre naciones ricas y emergentes.
Para Lula, los Juegos darán a Brasil una noción de su dimensión en el mundo. "Siempre pensé que había una cosa que le faltaba a Brasil. (...) Por haber sido colonizados teníamos la manía de ser pequeños, de no ser importantes", sostuvo el mandatario, quien suele decir que el país, décima economía mundial y con 190 millones de habitantes, está conquistando el lugar que le corresponde.
Este país, que aspira a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y que fue en buena medida el gran impulsor de una institucionalización del G20 como foro global, deberá subsanar enormes problemas de pobreza, violencia e infraestructura que enfrenta Río de Janeiro en apenas seis años.
Parte de ese camino lo hará Río de cara a 2014, cuando será una de las sedes de la Copa del Mundo de fútbol.
Pero le quedará un desafío mayor: la seguridad, en una ciudad que es tan conocida por sus paisajes de tarjeta postal como por su violencia endémica, que el año pasado se cobró la vida de 6.000 personas sólo en casos de asesinatos.
Lula apuesta al trabajo para superar el desafío. "Empezaré a trabajar por los Juegos Olímpicos mañana, no pasado mañana, sino mañana mismo", prometió.
Sudamérica, mientras tanto, celebra poder tener por primera vez en su dilatada historia un Juego Olímpico...

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