23 dic. 2010

Fino: la humildad hecha grandeza


A Fino Ghermann lo conocen todos. De eso no caben dudas. Por su humildad, por su extraordinaria carrera como basquetbolista, por su altura o por su andar tan característico. Pero nunca pasa desapercibido. Tampoco hay motivos para que así fuera. Incluso los más jóvenes, aquellos que no lo conocen pero en alguna esquina de la ciudad tuvieron la fortuna de cruzárselo, lo miran de manera llamativa.
Para el resto, para todos los que conocen parte del deporte argentino en general y el misionero en particular, saben que no se puede escribir una sola línea del deporte sin mencionar a Ernesto Gehrmann, o simplemente Finito, como se lo conoce en el ambiente.
No obstante, el más grande deportista que dio la tierra colorada, sin temor a equivocaciones ni comentarios sugestivos que puedan demostrar lo contrario, no es, quizás, lo suficientemente reconocido como debiera.
Es cierto que recibió cientos de premios, distinciones y reconocimiento a su trayectoria en cada cancha o escenario deportivo que pisó.
Pero no son muchos los que saben que durante décadas ostentó la marca de máximo goleador histórico en mundiales. La marca de 331 puntos en un solo torneo fue derrumbada en el transcurso del año que se acaba de ir. Y la borró otro deportista que, no hace falta esperar para corroborarlo, ya es parte también del básquet argentino: Luis Scola.
La vidriera de Fino en el básquetbol del país fue el Campeonato Argentino realizado en Mendoza en el año 1963. Gehrmann concurrió como integrante de la Selección de Misiones. Un año antes, cuando la misma cita convocaba en la capital de su provincia, ya había sido preseleccionado. Pero, mientras se entrenaba, Finito sintió miedo (ya entonces existía el miedo escénico que popularizaría Valdano) y, para evadirse, se ocultó en los montes de Colonia General Alvear, muy cerca de Oberá, su ciudad natal.
En Mendoza ya había superado el trauma. Entonces impresionaba su altura: 2,06 metros. Después se quedaría en sus históricos 2,11.
Tres años más tarde, nada más, el 12 de febrero de 1966, debutaba en la selección Argentina. Fue contra Paraguay en Cosquín jugando el torneo Confraternidad Americana. Y sería campeón sudamericano en Mendoza 1966 y Medellín 1976.
En 1978 cumplió su última temporada internacional e igualaría hasta ese momento el récord de permanencia en el equipo nacional -con 12 años de trayectoria-, considerando el debut y la última vez. Lo tenían Rafael Lledó y Ricardo Alix. Pero Gehrmann hizo lo que nadie: dio el presente en cada temporada. Hoy, con 16 años, ese récord lo ostentan Carlos Raffaelli y Carlos Romano.
En su amplio abanico internacional se destaca su participación en seis Campeonatos Sudamericanos (desde 1966 hasta 1977), tres Juegos Panamericanos (1967, 1971 y 1975) y dos Mundiales (1967 y 1974).
Si no tenemos en cuenta la súbita aparición reciente del jugador de la NBA, Fino es el argentino más goleador de nuestra historia mundialista, al jugar 16 partidos y promediar 20,5 puntos. Fue el goleador (23,8 de media) del Sudamericano de Bogotá 1973.
De Tokio de Posadas se fue a Gimnasia y Esgrima La Plata y de allí recaló en el Palmeiras de San Pablo, Brasil. Volvió en 1976 al Lobo platense, siendo bicampeón de la Capital Federal en 1978 y 1979. Gracias al básquet recorrió 24 países, y con su juego deslumbró a millones.
Finito fue un grande en todo sentido. Hoy, seguramente por su bajo perfil, pierde trascendencia. Pero su infatigable humildad y su corazón abierto ya son parte de una historia que jamás se olvidará.

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