18 may. 2010

El silencio no se vende; la palabra no se compra


En realidad, la enunciación debería decir "no debiera venderse ni comprarse". Pero se entiende.
Lastimosamente, y no pasa sólo en el ámbito nacional e internacional, hay dirigentes deportivos que apuntan contra aquellos periodistas que publican notas que van en contra de sus intereses, sean éstos económicos, éticos o políticos.
Sin embargo, al menos para quien suscribe, no todos tenemos el sello $$$ en la frente.
Y por suerte, desde que en 2003 los Estados Unidos invadieron Irak, surgió la posibilidad de que cada periodista refleje en un sitio personal (blog) aquello que, por cuestiones exclusivamente financieras, no puede hacerlo en el medio en el que se desempeña.
Y si bien es cierto que el mundo cibernético no está en las posibilidades de todos, al menos crea un espacio alternativo para informar, investigar, analizar y opinar sobre diferentes sucesos.
Hasta no hace mucho tiempo, un dirigente importante -al menos el más directo en hacerlo evidente- de un equipo de fútbol de la provincia amenazó a un periodista deportivo con no permitirle el acceso al estadio en caso de que siga reflejando una "realidad" que para dicha persona estaba equivocada.
Si estos personajes del ambiente, mucho más relacionados con el negocio y las empresas que con el fútbol, piensan que el trabajo de un periodista sólo pasa por contar aquello que ve, sin dudas desconoce el manual del buen periodista.
Para estos intereses, no caben dudas, lo más conveniente sería que el compromiso entre el periodista y el ciudadano sea simplemente el de 'contar lo que ve'. Pero la experiencia indica, y a veces es contundente, que lo más importante se da puertas adentro, en la cocina de la oscuridad, en el seno de un plantel, en la mesa dirigencial, justamente. Y hay casos en que los mismos jugadores no pueden hablar, lógicamente por el subordinado rol de empleado que deben jugar. Lo mismo pasa con otros empleados del club, como colaboradores, jefes de prensa, coodinadores, secretarios, entre otros, quienes parecen obligados a exaltar y glorificar la figura del Jefe para poder seguir comiendo. Claro, eso mientras son parte del "negocio", porque cuando la máxima autoridad decide lo contrario y los excluye del "proyecto", entonces sí comienzan a ventilar la intimidad. Pero ya es tarde.
Es verdad, la realidad del país y el mundo no permite darse el lujo de no trabajar, no tener ingresos y arriesgar lo poco que se tiene. Pero entonces germina el otro gran punto en cuestión... ¿hasta qué punto uno puede somerterse y esclavizarse? ¿Vale la pena defender a capa y espada aquello que, interiormente, se reconoce como equivocado? Sería importante comenzar a pensarlo. Por lo pronto, no todo lo que brilla es oro. Y no todo lo que se piensa se calla.

1 comentario:

  1. Sabaski Héctor24 mayo, 2010 21:49

    Coincido plenamente con lo expuesto en tu nota pero lamentablemente este tipo de actitudes cada vez cobra más adeptos y no sólo se circunscribe al ámbito deportivo, sino que en la vida cotidiana cada vez son más las personas que creen que por que pagaron un simple avisito ya pueden determinar la orientación periodística de un medio

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