25 oct. 2011

Las claves de un equipo 'candidato'


Mejor, imposible. Sobre el cierre de la primera ronda del torneo Argentino A, Crucero del Norte se ubica no sólo en lo más alto de las posiciones de su grupo sino que por el momento es el mejor equipo del certamen.
En la tercera categoría del fútbol argentino, el Colectivero ha ido de menor a mayor. Después del pálido empate como local ante Tiro Federal en el debut y la derrota en Sunchales frente a Libertad, el equipo de Santa Inés logró una sólida formación colectiva, aparecieron algunas individualidades y también los resultados. Cinco triunfos y dos empates (17 sobre 21 puntos) de manera consecutiva lo elevaron al primer puesto de la zona Norte, con un punto de ventaja sobre Libertad y tres sobre Tiro, justamente los dos primeros rivales que lograron sacarle puntos.
A tres fechas del cierre de la primera ronda, Crucero demostró tener esas condiciones que necesita cualquier equipo para aspirar a cosas importantes. En este equipo, además de lograr afianzar el sistema defensivo (pilar fundamental que derivó en el ascenso hace un par de años), se observa un orden y una determinación que antes sólo aparecían en contadas ocasiones. Hoy por hoy Crucero puede estar perdiendo pero sabe cómo manejar sus nervios, no cae en la impotencia, no se repite en inútiles errores y mantiene la calma, lo que sin dudas le permite pensar dos veces antes de ejecutar. Y esta faceta quedó en evidencia sobre todo en los últimos juegos, cuando se presentaron situaciones adversas que, en otro momento, no habrían podido revertirse.
Sin ir más lejos, los últimos tres partidos sirven para graficar mejor esta cuestión.
En la 8° fecha el Colectivero recibía en el Andrés Guacurarí a Gimnasia y Tiro, el único invicto del grupo. Y no le tembló el pulso a la hora de exponer credenciales. Le faltó el respeto a su rival deportivamente hablando y entendió que ‘esos’ partidos se ganan con algo más que buen fútbol. El tiki tiki del que claramente no es admirador Pedro Dechat alcanza para persuadir al hincha común, al que no prioriza el resultado, como sí lo hace el entrenador. Para salir airoso de ‘esos’ partidos se necesita personalidad, temple, espíritu de lucha, disposición, decisión. Huevos, como le gusta decir al tribunero de ley.
Contra los salteños apareció, y por eso el 1-0 terminó siendo corto, más allá de los tres puntos. Y ese impulso tuvo continuidad en Sunchales nada menos, la eterna ciudad santafesina que nunca recibió bien al equipo misionero. Nueve derrotas en nueve visitas a la cuna láctea del país auguraban un nuevo dolor de cabeza. Eso en la previa. Porque durante los 90 minutos los jugadores entendieron que había llegado la hora de cambiar la historia, que las estadísticas están hechas para romperse y que para volver a sacar chapa es necesario romper esas barreras que siempre ponían un freno importante a los objetivos planteados. Fue 2-0 con autoridad. Como para seguir demostrando que lo hecho una semana antes no había sido una mera cuestión de fortuna.
El tercer desafío no parecía difícil antes del pitazo inicial, porque Alumni de Villa María llegaba a Misiones en su peor momento. Último en las posiciones, con sólo dos puntos, sin victorias, con la valla más vencida del torneo y la peor diferencia de gol del torneo.
Pero cuando Mosevich vio la roja antes de los 20’ de juego, con el marcador 0-0 y las obligaciones de ganar para terminar la fecha como único líder, se hizo necesario apelar a algo ‘extra’ para que los tres puntos queden en casa. En la mayoría de los casos, ‘firmar’ el empate no hubiera sido un mal negocio para ninguno de los dos. La verdad, porque en ocasiones es bueno no perder en circunstancias adversas, mantenerse en los puestos de arriba y seguir sumando.
Pero resignar unidades en casa hubiera sido dar un paso hacia atrás tras el triunfazo en Sunchales. Y así lo entendió Crucero, que no escatimó voluntades al momento de ir al frente e incluso en inferioridad numérica dejó en claro sus mayor ambición ofensiva, que tuvo su premio minutos después con la conquista del Cuqui Márquez.
Este equipo se parece mucho al que logró el ascenso. Y no solamente porque las resultados acompañan. En el torneo anterior, Crucero tuvo un porcentaje de un gol en contra por encuentro (jugó 38 partidos, recibió 38 goles y convirtió 38). En esta temporada 2011-2012, el Colectivero no sobresale por su contundencia ofensiva, está claro, pero recuperó la solidez defensiva desde la cual empieza a manejar los partidos. Gaona y Abadie sólo recibieron cinco goles en nueve partidos (un gol cada dos partidos), y la defensa ofrece, al menos con menos vacilaciones que antes, mayores garantías ante cada agresión rival.
Dechat tendrá su mérito, lógicamente. Pero también algunos de sus jugadores, que ahora se toman las cosas con otra actitud (ganadora).
Después de probar de manera reiterada con varios delanteros, el técnico se la jugó por Leandro Martínez. Y el lungo atacante no será el Marco Van Basten de la categoría, pero tiene otras condiciones funcionales que hacen lucir a sus compañeros. Aguanta de espaldas, sabe pelear en un hábitat donde generalmente se imponen los zagueros y tiene un muy buen juego aéreo. Y asiste, lo que no es un dato menor para jugadores que por naturaleza son egoístas.
Pablo Motta, el pibe con cara de malo que muerde más que piraña hambrienta, contagió ese espíritu de lucha que incomoda a cualquier rival que pase cerca, y con su constante ida y vuelta ha generado espacios que bien saben capitalizar los atacantes. El cordobés, sin ser el más dotado técnicamente del plantel, conoce como pocos cómo se debe jugar en esta categoría, y al menos en el Andrés Guacurarí potencia su rendimiento ante cada aplauso que llega de las tribunas.
Más allá de los delanteros que tenga a disposición, Dechat sabe, al menos en su interior y quizás contra su propia o ajena voluntad, que el Cuqui Márquez no puede ser una opción desde el banco. Y que en todo caso, cuando esté para volver Del Bono se le presentará un hermoso problema, sin olvidar que en el banco espera un desesperado Hugo Troche.
Pero lo mejor está en la recuperación de Franco Cabrera y Pedro Brítez. Polaquito, al que algunos increíblemente cuestionan y no valoran en su justa medida, dejó en claro una vez más, por si aún hacía falta, que es el comodín del equipo. Quizás por su bajo perfil no tiene el reconocimiento que merece, pero los entendidos en la materia saben que es un futbolista clave a la hora de hacer ese trabajito ‘sucio’ que poco se ve y mucho aporta.
Y Pey demostró que la técnica sigue intacta pese a las lesiones. La vigencia del Negro, sobre todo su pegada y juego a un toque, le dan pimienta a un esquema al que no le falta verticalidad, pero que con él en cancha gana en claridad.
Este Crucero está en condiciones de pelear. Aunque meta una racha sin victorias, mientras perdure esa decisión de ir al frente, de no soltar el cuchillo en cada dividida y de facturar cuando se presenta la chance, el Colectivero sabe que le puede ganar a cualquiera. Si no que lo digan los salteños de Gimnasia, los imbatibles de Sunchales o los gigantes San Martín de Tucumán y Talleres de Córdoba.

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