21 feb. 2011

Crónica de un final anunciado


Se terminó el cicló de Hugo Castillo al frente del plantel de Guaraní. Y la verdad, está bien. Qué sentido tenía seguir cuando las condiciones no estaban dadas, cuando la gente y los mismos dirigentes deseaban y reclamaban a viva voz su salida. Cuando el equipo no tenía reacción, los jugadores confianza y los resultados no acompañaban.
¿Tiene sentido? Ni siquiera en las ganas y en la creencia de que se puede mejorar se justifica continuar.
Y aunque sea reiterativo el tema, los resultados mandan. Siempre mandan. Se puede jugar mal y ganar, y las cosas siempre van a estar mejor que cuando se juega bien y no se gana. Claro que en el caso de Guaraní no era una cuestión exclusivamente de los resultados, porque ni siquiera el nivel de juego le daba un plus al técnico.
Castillo se plantó frente a los micrófonos segundos después de la caída como local frente a Atlético Paraná y aseguró que iba a continuar. Quizás lo hizo más por amor propio que por convicción, o en todo caso, para no demostrar flaquezas y sí fuerza interna. Pero en este deporte tan ingrato no hay que buscar soluciones donde no las hay. Si el equipo no juega, si los futbolistas no responden y, fundamentalmente, los resultados no acompañan, de nada vale querer hacerle frente a una lucha en la que se está completamente solo. Si los dirigentes anhelan más un traspié que una victoria sólo por el afán de terminar con el ciclo del entrenador, y éste lo sabe, no hay demasiado que hacer.
Castillo seguramente se alejó porque entendió el mensaje, más allá de que uno pueda imaginar que intentó desde la misma cocina interna del club revertir la situación.
En su cabeza posiblemente esté dando vuelta la importante serie de victorias que lo llevaron al equipo franjeado a ser gran protagonista de las primeras ruedas del Argentino B, donde durante varias fechas comandó las posiciones de la zona 6. Pero también deben mortizar sus pensamientos los seis partidos consecutivos sin victorias que derivaron en su salida inevitable.
Un punto sobre 18 en juego, pasar de ser único líder a quedar a cinco del escolta y a una vida del puntero y un nivel de juego cada vez más preocupante fueron las gotas que en pocas semanas llenaron un vaso que venía con fecha de vencimiento.
Habrá que ver qué sucede ahora con el proyecto de fondo, el de la reestruturación del fútbol infantil que soñaba implementar Castillo, porque hace exactamente un mes aseguraba que el proyecto iba más allá de los resultados en el Argentino B. Pero aunque no lo quisiera reconocer en su momento, siempre habrá sabido que una cosa iba de la mano con la otra. Los hinchas quieren resultados. Y aunque se cuente con el aval del generciador del club y el mandamás del fútbol, el eco de las tribunas resuena con más fuerzas que cualquier apoyo jerárquico.
Se terminó un ciclo, y como no podía ser de otra manera, no de la mejor manera. Los malos resultados se devoraron a la paciencia, y Guaraní, por enésima vez en los últimos años, se quedó sin técnico a mitad de torneo.
La chance ahora recaerá, y ya se hizo una costumbre, en el levantamuertos Telmo Gómez, un entrenador que seguramente por ser posadeño, nunca tuvo los mismos privilegios que aquellos que vinieron del extranjero. Telmo siempre se mostró predispuesto, siempre acompañó y siempre dio una mano. Y en todos los casos lo hizo respondiendo bien. Consiguió resultados, mantuvo una conducta y promovió pibes de las inferiores. Ah, y le daba menos dolores de cabeza a los jefes a la hora de cobrar. Quizás por su bajo perfil, algo que saben explotar muy bien los jerarcas en cualquier sentido, quizás por ser del palo, nacido y criado en Misiones, algo que parece no ser inherente a tener capacidad, o quizás por no tener un nombre y apellido que mueva sentimientos, Telmo nunca tuvo 'su' chance. Esa que merece hace bastante tiempo. ¿Le habrá llegado su hora? Ojalá.

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